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El Joven Deportista

Introducción.

La influencia de la prensa y la televisión ha sido decisiva en el incremento observado en los últimos años en cuanto a la práctica deportiva se refiere. Los niños y jóvenes de hoy en día poseen gran información acerca del deporte que les gusta, conocen a sus ídolos y las lesiones que éstos padecen, saben de la existencia de multitud de aditamentos que "pretenden" mejorar el rendimiento deportivo y disminuir el número de lesiones. Tienen, en definitiva, un conocimiento la mayoría de las veces dirigido por la publicidad a la que acceden y que no siempre se corresponde con la realidad.

Por otra parte, el aspecto económico y el reconocimiento social juegan un papel cada vez mayor en la práctica del deporte. Muchos niños de hoy en día no efectúan actividad deportiva como divertimento, sino como fin para obtener unos resultados productivos. Ello condiciona una sobrecarga psico-física para muchos de estos jóvenes deportistas, que se lesionan con mayor frecuencia que niños de su edad no inmersos en actividades competitivas. La obsesión por la consecución de resultados llega a ser tal en algún caso, que se obliga al niño a competir lesionado sin tener en cuenta las consecuencais que ello puede conllevar para con su salud.

El Joven Deportista.

La realización de una actividad deportiva de forma regular demanda el cumplimiento de algunos preceptos por parte del que la lleva a cabo. En un ser en crecimiento, ya de por sí sometido a unas necesidades de aprote energético superiores porcentualmente a las de un organismo adulto, la alimentación debe ser completa y equilibrada. Es importante que ésta contenga todos los principios fundamentales en las proporciones correctas y los complementos vitamínicos necesarios. Los jóvenes deportistas deberán evitar especialmente las dietas rápidas hiperproteicas impuestas por la moda.

Las horas de descanso deben ser las adecuadas y la adquisición de responsabilidades en el terreno deportivo debe ir acorde a la edad del individuo. Jamás debería olvidarse el aspecto lúdico del deporte en los practicantes más jóvenes, para lo que será necesario el apoyo psicológico familiar. En este sentido, el entrenador tiene una gran responsabilidad, buscando el equilibrio entre lo apetecible (la consecución del resultado) y lo necesario (el desarrollo integral, tanto en el terreno físico como psíquico, del joven deportista).

El niño no es un adulto de pequeño tamaño. Su desarrollo orgánico está sujeto a influencias que no juegan ningún papel en el adulto. Sus músculos, ligamentos y tendones al ser más elásticos que los de los adultos, están más protegidos ante las lesiones, lo cual no quiere decir que no puedan sufrirlas. Sus huesos tienen una mayor capacidad de curación que los de sus mayores, pero por contra poseen unas zonas especialmente sensibles a las lesiones. Estas zonas, denominadas cartílagos de crecimiento por ser las responsables del crecimiento en longitud de los huesos, cuando se lesionan pueden ocasionar trastornos importantes en el desarrollo futuro del hueso.

La flexibilidad y coordinación que el joven va adquiriendo progresivamente le permite no sólo mejorar el rendimiento deportivo, sino también le ayuda a protegerse mejor de lesiones debidas a caídas o movimientos inadecuados. Sin embargo, su entusiasmo en conseguir resultados, su inexperiencia y el mayor tiempo que generalmente le dedica, facilitan que el atleta joven padezca mayor número de lesiones agudas que el adulto.

Lesiones Agudas.

Constituyen la mayor parte de las lesiones padecidas por los deportistas jóvenes. Se producen frecuentemente en casi todos los deportes que entañen contacto entre sus practicantes o en los que los saltos y giros sean una parte importante de los mismos. Su reconocimiento temprano permite dirigir un tratamiento que la mayor parte de las veces será totalmente curativo.

Esguinces.

Consisten en la rotura de ligamentos, bandas fibrosas que unen los huesos de una articulación, por un estiramiento excesivo de los mismos. Generalmente no suelen revestir importancia en los más pequeños, si bien en los adolescentes adquieren un protagonismo mayor y deben ser especialmente tenidos en cuenta. Se caracterizan por la presencia de dolor inmediato alrededor de una articulación tras una "torcedura" de la misma. Suelen acompañarse de hinchazón de intensidad variable, al cabo de unas horas.

La pauta de actuación en estos casos debe ser la valoración por un traumatólogo lo antes posible si el dolor es intensivo y se acompaña de dificultad para mover la articulación lesionada. Hasta entonces la aplicación de compresas de hielo (¡nunca el hielo directamente!) en la zona dolorosa y la inmovilización del miembro afectado, con elevación del mismo si es la pierna, suelen ser de gran utilidad. Es importante tener en cuenta que el tratamiento adecuado evitará que la articulación quede inestable y propensa a los "esguinces de repetición".

Lesiones Musculares.

Muy raras en los niños y algo más frecuentes en los jóvenes. Se producen casi siempre como consecuencia de una tracción brusca sobre un músculo que se está contrayendo. Típicamente el atleta referirá un dolor brusco tras una maniobra habitual en su práctica deportiva (golpear un balón, estirar repentinamente un miembro, efectuar una arrancada, etc.). El dolor suele localizarse en un área muy específica y aumenta al contraerse o estirarse el músculo afectado. Al cabo de unos días probablemente aparecerá un hematoma en una zona distal de donde se produjo la rotura, dado que la sangre diseca los planos musculares hasta depositarse bajo la piel.

Ante la sospecha de rotura muscular deberá retirarse al deportista de la actividad que realice en ese momento. Se aplicarán compresas de hielo y un vendaje compresivo suave hasta que sea visto por un médico. ¡Jamás deberá aplicarse masaje sobre la zona lesionada si se sospecha una rotura muscular!

Lesiones Óseas.

Los huesos de los niños presentan varias características que los diferencian de los huesos de los adultos. Entre ellas destacan la presencia de dos zonas en los extremos de los huesos largos, llamadas cartílagos de crecimiento, por donde el hueso crece en longitud, y el hecho de que la membrana que rodea al hueso, denominado periostio, es mucho más voluminoso en los niños que en los adultos.

Estas características confieren a las fracturas de los niños unas peculiaridades propias. De un lado, el hecho de que una lesión que afecte al cartílago de crecimiento puede alterar el desarrollo normal del hueso y condicionar la aparición de una deformidad progresiva a acortamiento del mismo. De otro, el que un niño puede tener una fractura sin que aparentemente exista una gran deformidad inicial o siendo ésta muy marcada a pesar de no condicionar un gran dolor.

Desde el punto de vista práctico, para que se produzca una fractura se requiere un traumatismo con cierta energía (caídas o golpes directos con objetos duros). El niño referirá dolor localizado generalmente en una de las extremidades, acompañado de hinchazón de aparición rápida y dificultad o imposibilidad para mover las articulaciones adyacentes. En ocasiones la deformidad del hueso afecto será muy llamativa y ayuda al diagnóstico, pero éste es un signo que no siempre está presente.

La actuación en el terreno deportivo se limitará a retirar al atleta de la actividad. Si refiere mucho dolor habrá que inmovilizar el miembro lesionado, para lo cual generalmente bastará con aplicar una tablilla y unas vueltas de pañuelo o venda. Puede ser útil, asimismo, utilizar el propio cuerpo como apoyo a la inmovilización, pegando el brazo al tronco si la lesión es en un miembro superior o a la otra pierna si es en uno de los miembros inferiores. No se debe intentar reducir la deformidad, ya que pueden lesionarse otras estructuras tales como vasos y nervios. El traslado a un centro médico se efectuará en una posición cómoda para el paciente, evitando introducirlo en cualquier vehículo "para que llegue antes".

Lesiones Crónicas.

Constituyen un capítulo cada vez más abundante entre las lesiones relacionadas con el deporte. Su causa fundamental es el aumento en la dedicación de los deportistas, la intensidad de los entrenamientos y la continuidad en la actividad física a pesar de la presencia de molestias o dolor durante la misma, para no comprometer los resultados. Otro aspecto de gran importancia que contribuye a la aparición de este tipo de lesiones es la existencia de alguna alteración del aparato locomotor previa a la práctica deportiva, o que se produce en el joven independientemente de ésta. La ejecución de movimientos repetitivos condiciona una sobrecarga de la zona previamente alterada y aparece la lesión.

Cualquier zona del organismo está expuesta a padecer estas lesiones. Sin embargo, son más frecuentes a nivel de la columna lumbar, rodillas y pies. Su signo de alarma es la aparición de dolor durante la ejecución de determinados movimientos o ejercicios. Ante esto, lo recomendable es que el deportista sea visto por su traumatólogo, indicándole a éste las características del dolor y en qué circunstancias se produce. Como medida útil hasta ser visto por su especialista, es conveniente disminuir la intensidad de la actividad hasta un nivel en que no haya dolor. Es asimismo recomendable una valoración médica del aparato locomotor previa a la práctica regular de ejercicio.

La actividad física regular es altamente beneficiosa para el desarrollo psico-físico del niño. El aspecto competitivo desarrolla su espíritu de superación y le ayuda a madurar, por lo que deporte y competición constituyen una combinación positiva. No obstante, no hay que olvidar que también tiene algunos aspectos negativos, casi siempre controlables, que hay que considerar para no caer en ellos. Es responsabilidad de padres, médicos y profesionales del deporte, que la consecución de resultados jamás ponga en peligro la salud del joven deportista.